De vez en cuando y cada vez más se instala el vacío en mis rincones.
Explora la piel buscando sitios donde hacer soberanía,
Yo lo dejo, le permito que recorra mis intersticios de hembra,
Que hurgue donde la muerte quisiera clavar su aguijón,
Que entre la malparida y palpe mis zonas blandas,
Que invada, que guste, que sea humo quemante metiéndose en mis sábanas.
Yo me quedaré quietecita dejando que la muerte se me venga encima
Y que el estallido de mi carne derrumbe techos, silencios y almohadas.
Yo me gozaré exaltada del humo penetrando mis aberturas, de la vida agitando mis caderas, de la cama crujiendo insostenible.



